Un informe de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) de los Estados Unidos puso en cifras oficiales una realidad conocida pero silenciada: el 71% del armamento decomisado a las bandas criminales en México proviene directamente del mercado estadounidense. De las 32.144 armas incautadas y enviadas a revisión durante 2025 por las autoridades mexicanas, 22.817 fueron trazadas con origen en el país vecino, evidenciando el volumen constante del tráfico ilegal que alimenta la crisis de seguridad regional.
Los datos reflejan un récord histórico desde que la ATF comenzó sus registros en 2015. De las casi 23.000 armas detectadas con sello norteamericano, 16.406 fueron fabricadas en territorio estadounidense (51% del total incautado), mientras que 6.411 corresponden a otros países pero ingresaron a suelo mexicano tras pasar por el mercado de armas de Washington. La cifra total representa un incremento del 20% respecto de 2024 y un alza acumulada del 78% en la última década, sin contar un 30% adicional de armamento analizado cuyo origen no pudo determinarse por falta de datos.
La revelación de estas métricas encendió nuevamente el cruce político entre ambos Gobiernos. Tras las declaraciones de Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU, donde señaló a México como el «epicentro de la violencia de los cárteles», la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum cuestionó la postura de Washington al remarcar la responsabilidad compartida por el elevado consumo de drogas y la masiva producción de armamento que fluye hacia el sur de la frontera.
